jueves, 13 de septiembre de 2007

Nacido al pie de una palmera.


Peter Paul Rubens, Apolo y la Pitón, Museo del Prado.


"Apolo es un dios que pertenece a la segunda generación de los olímpicos. Es hijo de Zeus y Leto y hermano de la diosa Ártemis... se representaba a Apolo como un dios muy hermoso, alto, notable especialmente por sus largos bucles negros de reflejos azulados, como los pétalos del pensamiento... Dios del vaticinio y de la música, dios pastoral, cuyos amores con las Ninfas y los mancebos trocados en flores y árboles lo unen íntimamente con la vegetación y la Naturaleza, Apolo era al mismo tiempo un dios guerrero, capaz, con su arco y sus flechas, de enviar desde lejos, como su hermana Ártemis, una muerte rápida y dulce... "


Pierre Grimal, Diccionario de Mitología Griega y Romana, Paidós.

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Tiempo atrás mi madre me trajo de regalo un libro que, en ese preciso momento de mi vida, no me fue de gran utilidad. Ella suele hacer eso bastante seguido, me regala libros que voy a terminar apreciando muchos años después. Algunas veces lo hace porque yo se los pido (porque son caros y están a su alcance económico, pero no al mío); otras veces lo hace porque se le ocurre. Así es como me hice de La Fenomenología del Espíritu (Hegel), El Ser y la Nada (Sartre), Léxico Técnico de Filosofía Medieval (Magnavacca), varios Planeta de Agostini (sí, los gricesitos), algún que otro libraco de Kant, bestiarios y más... Casi todos los que nombré hasta aquí, todavía no los he leído ni mucho menos. Ese era el caso del libro que me arrastró a crear esta entrada: "Diccionario de mitología griega y romana" de Pierre Grimal.

Cuando le dije a mi mamá hace algunos años que quería leer sobre mitología, me cayó con este diccionario que, a simple vista, no resulta nada entretenido por ser, justamente, un diccionario. De manera que lo dejé de lado varios años hasta que, ¡al fin!, pude darle el uso (y abuso) meritorio. Este libraco de tapa muy aburrida (sí, de esas que no tienen dibujitos) me viene rescatando de la ignorancia desde principios de año.

Para quienes no me conocen, empecé a estudiar idiomas clásicos este año en la facultad, debido a que, ¡al fin! (pte. 2), elegí la especialización de carrera (Filosofía Clásica. Medieval, más precisamente). Esto significa que me estoy iniciando (muy lenta y dolorosamente) en el Latín clásico y el Griego antiguo, con todo lo que ello conlleva. Porque además de pasarme los días haciendo análisis sintáctico, y (no) memorizando con qué letrita termina cada declinación y otras minuciosidades de ambas lenguas, debo estudiar su tradición cultural para exponer en un final oral. Esto implica, claro, leer obras clásicas.

¿A qué voy con todo esto? A Grimal, por supuesto. Sin su ayuda, me resultaría imposible comprender muchas secuencias en los textos. He descubierto que es una gran ayuda, un diccionario maravilloso, para nada tedioso cuando se utiliza con fines prácticos. Lo miro y me dan ganas de abrazarlo(?).

En fin, me resulta muy agradable poder tener a mano textos que me sirvan tanto, darles uso, cargarlos de valor. Y eso se lo debo agradecer a mi madre que tanto se interesa en que tenga lo que necesito a mano, aunque lo vaya a necesitar no ahora, sino dentro de diez años *exagera*.

Saludos a todos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Mucha chachara, pero ese libro no habla sobre el mito del Pequeño Nutria así que no me interesa.

Mucha muchacha, pam param pam pam(?)