Aproveché el verano que pasó para leer varios libros que tenía en “lista de espera”. Muchos de ellos, y, por cierto, los que más me gustaron, tuvieron que ver con la vida y obra de Marx y, en menor medida, de Engels: Conversaciones con Marx y Engels, de Enzensberger, La historia de El Capital de Karl Marx, de Wheen, Correspondencia Marx – Engels y, por último, Eleanor, la hija de Karl, de María José Silveira (el nombre del libro, o novela basada en una historia real, para ser más preciso, deja en claro que no se trata específicamente de Karl Marx, aunque toca varios aspectos importantes de su vida).
Dejaré para más adelante (o sea, para cuando realmente tenga ganas) discusiones de carácter político muy relevantes, algunas otras de carácter más bien personal, como el supuesto hijo de Marx con “Lenchen” (quien estaba encargada de las tareas domésticas en la casa de los Marx y luego en la de Engels) o “las” cartas de Darwin a Marx, mas algunas historias interesantes y anécdotas muy graciosas.
Ahora simplemente quería dejar una perfecta descripción, proveniente de un espía de la policía prusiana, de la vida de los Marx en los principios de la década del 50 -por cierto, uno de los momentos más terribles por los que tuvieron que atravesar. Recuerdo que Villarruel, profesor de Historia Social General cátedra “C”, clase tras clase repetía la importancia de entender el contexto en que es escrita cada obra. De Marx nos dio para leer El 18 Brumario, entre otros, y aunque seguía haciendo mención a la importancia del contexto, jamás nos contó algo al respecto. La descripción que sigue a continuación es, oh casualidad(¿?), de la misma época en que escribió El 18 Brumario. ¡Jamás debí cursar esa cátedra!
"Informe secreto de la policía prusiana
1852/53
(…) Pero el espíritu rector y creativo, la auténtica alma del partido es Marx. Ésta es la razón por la cual quisiera describirle su personalidad.
Marx es hombre de estatura mediana, de 24 años de edad. A pesar de encontrarse en plena madurez, su cabello ya se está encaneciendo. Es de constitución fuerte. Sus rasgos faciales recuerdan mucho los de Szemere (revolucionario húngaro), sólo que su tez es más morena. El cabello y la barba son completamente negros, y no se afeita. Sus ojos enormes, penetrantes y flameantes tienen algo demoníacamente inquietante. Por otra parte, a primera vista se le nota que es hombre de genio y energía. Su superioridad intelectual ejerce un poder irresistible sobre cuentos lo rodean. En su vida privada es una persona en extremo desordenada, cínica; un mal administrador, que lleva auténtica vida Bohemia. El lavarse, peinarse y cambiarse de ropa constituyen para él actos muy poco frecuentes. Le gusta emborracharse. A menudo haraganea días enteros, pero cuando tiene mucho trabajo, aguanta incansablemente día y noche. No existe para él un horario determinado para dormir y otro para estar despierto; a menudo permanece despierto noches enteras, al mediodía se echa por completamente vestido en el sofá, donde duerme hasta el atardecer, sin preocuparse en absoluto de cuanto ocurre a su alrededor.
Su esposa es la hermana del ministro prusiano Von Westphalen, mujer culta y agradable, que por amor a su esposo se ha acostumbrado a esa vida bohemia y que ahora se encuentra en esa miseria como en su propia casa. Tiene dos chicas y un chico; las tres criaturas son muy hermosas y tienen los inteligentes ojos de su padre.
Como esposo y padre de familia, y a pesar de su carácter generalmente indómito e intranquilo, Marx resulta el hombre más dulce y pacífico. Vive en una de las casas mas miserables, y en consecuencia también más baratas de Londres. La vivienda consta de dos habitaciones; el salón tiene la vista a la calle, mientras el dormitorio da a la parte trasera. En todo el piso no puede encontrarse el menor rastro de mueble limpio y bueno; todo está gastado, roto y deshecho. Por doquier se acumula el polvo y reina el máximo desorden. En el centro del salón se encuentra una enorme mesa, como de nuestros abuelos, cubierta con un mantel de hule. Sobre él se encuentran sus manuscritos, libros, diarios, así como los juguetes de los niños, los trapos de la costura de su esposa, luego algunas tazas de té con los bordes desportillados, cucharas, tenedores y cuchillos sucios, lámparas, tinteros, vasos, pipas de barro holandesas, ceniza de tabaco; en resumidas cuentas: toda esta diversidad de objetos bien mezclada y en una sola mesa.
Cuando se penetra en el domicilio de Marx, los ojos se le nublan a uno de tal forma por el humo del tabaco y la antracita, que en los primeros momentos se ve obligado a caminar a tientas, como si se entrara en una cueva, hasta que la vista se va acostumbrando paulatinamente en la oscuridad y va adivinando los objetos a través de la neblina. Todo está sucio, todo cubierto de polvo. El sentarse es un asunto verdaderamente peligroso. Hay sillas que sólo se aguantan sobre tres patas, y otra, milagrosamente entera, es utilizada por las niñas, que juegan con ella a cocinitas. Y esta silla es la que acaba por ser ofrecida al visitante, aunque sin limpiar previamente los restos de la cocina infantil. Y si uno toma asiento, se arriesga a echar a perder los pantalones. Ahora bien, todo ello no es causa de bochorno alguno por parte de Marx o de su esposa, que siempre reciben al visitante con la máxima amabilidad, ofreciendo con cariño pipa, tabaco y lo que haya. Una ingeniosa y agradable conversación suple todos los defectos hogareños y hace soportables todas esas molestias. De esta forma uno se reconcilia con las citadas personas, encuentra interesante su círculo, incluso original. Ésta es la fiel imagen de la vida familiar del jefe comunista Marx." (Conversaciones con Marx y Engels)
2 comentarios:
interesante el informe de la gorra
Ay, ese loco, loco, loco Carlos.
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