El mundo de los vendedores ambulantes
Este texto comienza con una confesión: cuando duermo solo dejo prendida la luz, pues le temo a la oscuridad. Y continúa con otra: mi padre compra Perfil los domingos. Pero la realmente importante es la siguiente: me intriga la gente que trabaja en la calle
Con trabajar en la calle no me refiero a la prostitución. La prostitución no me intriga. Conozco cada detalle acerca de esta vieja profesión. Y no porque yo haya ofrecido mi cuerpo alguna vez. No, de ninguna manera. Podría hacerlo, claro, y seguramente obtendría muy buenos ingresos. Pero no, paso. No lo necesito, por lo menos por ahora. En un futuro, quizás mi situación económica me empuje a hacerlo. ¿Quién sabe? En realidad, conozco cada detalle porque soy un asiduo visitante de zonas como Constitución, Godoy Cruz y los bosques de Palermo.
Tampoco me refiero a los dealers, pues al igual que la prostitución, es algo que conozco a la perfección. No porque yo haya vendido drogas alguna vez. No, de ninguna manera. Podría hacerlo, claro, y seguramente obtendría muy buenos ingresos. Pero no, paso. No lo necesito, por lo menos por ahora. En un futuro, quizás mi situación económica me empuje a hacerlo. ¿Quién sabe? En realidad, es algo que conozco a la perfección porque soy un droga-dependiente más, de los tantos que existen.
Cuando hablo de trabajar en la calle me refiero, pura y exclusivamente, a los vendedores ambulantes. ¿Cómo es la vida de un vendedor ambulante? ¿Hay un gremio o trabajan por su cuenta? ¿Son unidos, o se odian entre ellos? ¿Cuántas horas trabajan por día? ¿Cuánto ganan por día? ¿Dónde compran la mercadería? ¿Qué relación tienen con la gente? ¿Hay mujeres, o es una profesión machista? ¿Y niños? ¿Hay niños, y nadie hace nada? ¿Por qué? ¿Consumen alcohol y/o drogas en horas de trabajo? ¿Si alguien les ofrece un trabajo estable, lo aceptan, o prefieren ser vendedores ambulantes toda la vida porque así ningún patrón les rompe las pelotas, en el caso de que sean hombres, o la argolla, en el caso de que sean mujeres (si es que no es una profesión machista)? ¿Cómo son cuando dejan de trabajar? ¿Se parecen a vos? ¿Y a mí? Etc., etc.
Está claro que el hecho de hacerme tantas preguntas era, y en buena medida sigue siendo, consecuencia directa de cuánto me intriga todo lo relacionado a la venta ambulante. Hasta tal punto me intriga, que no conocer todas las respuestas me ha quitado el sueño desde hace un largo tiempo; tiempo que coincide, por cierto, con la formulación de la primera de esas preguntas. ¿Casualidad? No, no creo en las casualidades, pero eso no es lo que me trae aquí ahora. ¿Y desde cuándo digo aquí? No lo sé, pero tampoco es lo que me trae aquí ahora.
Para dirigir mi curiosidad hacia un buen camino y, de esa forma, volver a conciliar el sueño, decidí que lo mejor sería meterme de lleno en el mundo de los vendedores ambulantes. Pero… ¿cómo lograr mi objetivo? ¿Cómo habría de meterme yo, una persona común y corriente, en el mundo de los vendedores ambulantes? ¿Existía tal mundo? ¿Sí o no? Sí, definitivamente. Por eso me propuse traspasar la barrera que separa a ese mundo, del mundo de las personas comunes y corrientes. Comunes y corrientes, como vos y yo. Salvo que seas, precisamente, un vendedor ambulante. En ese caso, estarías del otro lado de la barrera. Lamentablemente, no tengo forma de saber quién de todo aquel que lee este texto es, o no es, vendedor ambulante. Lo único que sé, con seguridad, es que yo no lo soy, y nunca lo he sido. De lo contrario, no hubiese sentido, jamás, intriga alguna, y el mundo de los vendedores ambulantes me sería tan normal y conocido como el mundo de las drogas y la prostitución. Pero no lo soy, ni lo he sido, y estoy de este lado; del lado, claro, de las personas comunes y corrientes, como yo. ¿Cómo vos? No lo sé.
Luego de un breve análisis, llegué a la siguiente conclusión. Existían sólo dos formas de introducirse en el mundo de los vendedores ambulantes: convertirse momentáneamente en uno, o encontrar uno. Mi timidez iba a ser, sin lugar a dudas, un gran problema a la hora de ponerme el traje de vendedor ambulante. ¿Existía realmente tal traje? ¿Cómo saberlo? Una vez dentro del mundo de los vendedores ambulantes, supuse, tendría acceso a tal información, pero hasta entonces no podía responder la pregunta. De todas formas, una vez dentro, tal información me sería irrelevante. Además, no sería fácil entrar en ese mundo sin un contacto. Algunas personas que consulté llegaron a decirme que sería imposible y que, incluso, mi vida podría correr riesgo. ¿Verdad o mito? ¿Cómo saberlo? Una vez dentro del mundo de los vendedores ambulantes, supuse, tendría acceso a tal información, pero hasta entonces no podía responder la pregunta. De todas formas, una vez dentro, tal información me sería irrelevante.
Debido a las notorias dificultades que presentaba convertirse momentáneamente en un vendedor ambulante, finalmente opté por la más fácil de las dos alternativas: encontrar uno y pasar al menos un día con él. Siendo tantos, no me sería complicado. Pero… ¿cómo elegir uno, entre tantos? ¿Y cómo saber que el elegido respondería a todas mis preguntas? Quizás no había forma de saberlo; o quizás sí, y yo no la conocía. Una vez dentro del mundo de los vendedores ambulantes, supuse, tendría acceso a tal información, pero hasta entonces no podía responder esas preguntas. De todas formas, una vez dentro, tal información me sería irrelevante. Lo importante era que, como no poseía las respuestas, apelé al azar, recordando que siempre tuve suerte en el juego. Afortunado en el juego, desafortunado en el amor. ¿Será por eso que recurro a prostitutas y consumo drogas? No lo sé, y de todas formas, no es lo que me trae aquí ahora.
Encontrar un vendedor ambulante, como mencioné, no representaría dificultad alguna. Salí de mi casa, subí a un colectivo y en un momento dado, sin ninguna razón aparente, decidí bajarme y caminar hasta cruzarme con algún vendedor ambulante. Y así fue como, luego de dar 10 pasos, di con Pedro, más conocido como Pedrito. Me acerqué y fui al grano; lo último que quería era quitarle tiempo valioso. Le comenté, entonces, que tenia algunas dudas y que seguramente el me podía ayudar. Muy amablemente me contestó que haría todo lo que estuviese a su alcance, siempre y cuando no fuese algo gay.
Durante buena parte de su vida, Pedro fue empleado de una fábrica metalúrgica. Pero, en cierto momento, y como ya es una costumbre en el país, la empresa para la que trabajaba se declaró en quiebra, despidió a todos sus empleados y se fue del país. "No me dieron ninguna explicación, de un día para otro me había quedado sin trabajo. No sabía que hacer, no tenía un mango, y entre robar y vender en la calle, mis principios me llevaron a elegir por la segunda opción. La verdad fui un boludo", se sinceró Pedro, con lágrimas en los ojos. Y le creí; le creí no sólo porque esos ojos evidenciaban una persona humilde y bonachona, sino porque me mostró el certificado de despido, que coincidía con su relato. "Lo llevo siempre conmigo, nunca se sabe cuando uno lo puede necesitar, je".
Pedro trabaja todos los días a partir de las 8 de la mañana, "salvo cuando llueve, je". "A veces estoy esperando que se largue la lluvia así me tomo el palo, pero después, cuando llego a casa y no tengo un peso, me arrepiento. Bueno, son cosas que pasan en este oficio, pibe", me confesó, y volvió a reír, lo cual me permitió concluir que es una persona alegre; esto a pesar de las enormes dificultades que le ha deparado la vida. Para una persona como yo, una persona común y corriente, estar en su situación me privaría de risa alguna. Pero Pedro, Pedrito, se reía de todo. Y admito que, luego de una hora de estar a su lado, su risa comenzaba a molestarme.
Como les decía, (casi) todos los días a las 8 de la mañana, Pedro está firme en la esquina de Las Flores y Mitre, con su bolsito repleto de las famosas “Guía T”. Un bien útil y económico. Sin duda, una buena elección para los vendedores ambulantes. "Esta esquina es mía y de acá no me mueve nadie", me comentó Pedro, mientras agarraba un palo para demostrarme que hablaba en serio. Pero justo en ese momento, un conductor de un auto le hizo una seña y Pedro acudió rápidamente a realizar una venta. Yo, agradecido.
Las cosas marchaban bien y Pedro estaba feliz. Era conciente de que, al finalizar el día, iba a tener una buena recaudación. Y que, por eso mismo, al llegar a su casa y comentarle a su esposa lo bien que le fue, ella se contagiaría de su felicidad. Y ni hablar de sus hijos. Al menos por ese día, serían una familia feliz. Aunque, en realidad, no sabía si tenía esposa e hijos. No se lo había preguntado. Desde que me amenazó con el palo tuve miedo de hacerlo enojar, y quizás el meterme en su vida íntima lo hubiese irritado. ¿A quién le gusta que se metan en su vida íntima, después de todo?
Pedro aprovechaba cada semáforo en rojo para ofrecerles a los automovilistas su mercadería. Noté que sabía perfectamente lo que hacía, más allá de que ciertas veces la suerte no lo acompañaba. “La próxima será”, le dije luego de un intento de venta fallido, y el río nuevamente. Para Pedro, a diferencia del resto de la gente, el semáforo en rojo es una bendición. "¿Te imaginas la guita que haría si el semáforo sólo tuviese rojo, eh?", bromeó.
Los minutos seguían pasando y, mientras Pedro tomaba un poco de agua y descansaba, me comentó que hace 10 años se gana la vida de esa forma. "Al principio empecé vendiendo en los colectivos, pero ya no estoy para esos trotes, estoy viejo viste, je", a lo que respondí gentilmente con un "se mantiene muy bien don". "Y sí -replicó Pedro-, hay que cuidarse viste, por la familia más que nada. Ahora prefiero estar tranquilo, siempre en el mismo lugar. Acá todo el mundo me conoce y me quiere, salvo a los que corro con el palo, je. Y eso es muy lindo. Quizás algún día hasta le pongan mi nombre a una de estas calles, je. Y si bien gano poco, tengo fe que esto va a cambiar… Ya sé lo que estas pensando pibe, que soy un loco o algo parecido. ¿Pero sabes qué? Soñar no cuesta nada, y es algo que hasta el más pobre puede hacer".
Y yo lo dejé soñar, porque no era quien para quitarle las esperanzas. Lo dejé soñar tranquilo, y me retiré. Sin importar si mi encuentro con él había servido para responder inmediatamente a mis preguntas, si el encuentro había servido para calmar instantáneamente mi incertidumbre sobre el tema y si, por lo tanto, volvería a dormir con normalidad en brevedad, me retiré. Y lo hice porque había conseguido mucho más que aquello que, en principio, fui a buscar. Sí, seguiría, por lo menos por un tiempo, con la intriga y durmiendo poco y mal. Pero había obtenido una valiosa lección de vida, de esas que no se aprenden todos los días, sino sólo los días que pasamos junto a un vendedor ambulante. Junto a Pedro. Junto a Pedrito.
Por cierto, al principio me costó asociar esa lección con el tema en cuestión, pero luego pude verlo todo más claro: los que poseemos una buena cantidad de dinero en nuestras cuentas bancarias, tenemos el deber de usarlo de una forma racional e inteligente para ayudar a terminar con la pobreza y con las consecuencias que esa pobreza genera, como han de ser los vendedores ambulantes. Yo fui el primero en dar el ejemplo y me compré un arma. Quizás, si me imitaran todos aquellos que están en la misma situación, finalmente podríamos volver a dormir tranquilos. ¡No habría más intriga al respecto! Está en ustedes seguirme o lavarse las manos. Pero, antes de que tomen una decisión, quiero que recuerden algo: TENGO UN ARMA Y SE COMO USARLA.
3 comentarios:
*chingui chngui chingui*
Hola!
Creo que ya les expliqué (y si no, jódanse, porque van a tener que leerme) que en realidad sí había leído los posteos recientes, que no haya firmado no es muestra de nada más que de mi fiaca. Bah, la posta es que estaba abriendo esta ventanita cuando tu hermana -Matías- me habló... y bueno, no sé cuántas subdivisiones piensan que tiene mi cerebro, pero no son muchas, y no puedo coordinar más de tres acciones.
En fin. Quería saber qué banda era la del video que posteó Danila, porque me gustó pero no pude reconocerlo (igual yo vivo en un tapper musical, no sería extraño)... o quizás lo dice ahí nomás pero yo no lo ví *mira ansiosa* ah, Bright Eyes? Tendría lógica. Bueno, soy un desastre (next) Leí ambas entradas sobre Hume. Me reservo la opinión por la simple y cierta razón de que no sé; y como bien debés saber, cuando alguien habla de filosofía sin saber, se sabe. Y ojo, ¡que leí, eh! Leí y entendí, y si querés podemos hablar del anticuado corte de pelo de nuestro personaje, o del bello traje color carmesí *verifica el traje carmesí* (bueno, hacé de cuenta que es carmesí)- Bueno, soy un desastre II (next) Es curioso cómo ya en nuestra infancia encontramos reflejadas conductas del presente, cómo la vida nos está hilada ya. Yo mordí a mi perra, y luego me transformé en una gotiquita aficionada a los colmillos y mordidas en general. Y vos, bueno, vos... sos un buen chico(?) *evade el tema de votarlo* (next) Ah, la cuenta regresiva para un recital es angustia. La noche anterior que tocó Lacrimosa soñé que me olvidaba la entrada, que me colaba y me topaba con Tilo. Espero que vos sueñes lo mismo con Bob, te lo recomiendo!
En fin, varias páginas no oficiales dicen que The Cure tocaría el 5 de abril en river, aunque thecure.com sigue firme e inexpresiva. Sin embargo, en su agenda, el mes de abril parece un hueco... y eso que mayo está completo, pero de abril no hay rastros (lo que me da una lucesita de esperanza, pensando que aún están considerándolo) *se aleja llorando* (next) Bueno, el relato actual, Matías, ya te dije que me gustó y que me reí mucho. Todos tus personajes son unos enroscados de porquería y tienen un afán por repetirlo casi todo, pero me caen bien(!) un día los invito a tomar un helado (a tus personajes, vos no, chusma(?)) Y bueno, todos deberíamos hacer lo que él, no? NO? *apunta con un arma*
Ahora, sí, en fin. Están por venir unos compañeros para diseñar el boletín. Mejor me voy a bañar, soy un desastre (III)
Un beso a ambos, espero que Córdoba haya estado lindo :)
Jajajasasadadadad. Hadad (?)
No s� qu� firmar, salvo que me gust� el texto, y me causo gracia y eso.
Los veo prontito, actualicen m�s seguido, :(
me quede con la vena en el NBA live, como puede ser, los dos partidos los tenia bajo control, que fallo?? obviamente ya eche al DT que no sirve y la hinchada le estaba pinchando las rueddas del auto (?)
Me voy a comprar el juego y voy a practicar dia y noche, esto no se queda asi (?)
atte:
Esteban Nash
Publicar un comentario